Siempre he caracterizado mi vida por hacer posibles todas las cosas que deseo. Esa lucha constante, ya sabeis, las ganas persistentes de que siempre llegue lo próximo y supere a lo anterior. Pero llegas a un punto -felicidad tal vez- en el cual el resto te hace caso omiso, y es recíproco.
Dejas de sentir las cosas menos importantes como tal, y valoras, despues de un tiempo, lo verdadero, lo real, la esencia.
Valoras como en momentos dificiles, lo que de verdad te llena es lo que te hace reir /dure lo que dure/ y avanzas.
Poco a poco vas liberando de una burbuja de cosas innecesarias lo que pesa, y la sensación es similar a cuando acabas de llorar, y el cuerpo se queda sin vida, pero a la vez dispuesto. No sé si me explico.
La clave es vivir. Disfrutar cada momento, y estar atento siempre a lo que te rodea sin hacerlo imprescindible.
La clave, es estar rodeado de gente que te quiera, de libertad y de historias que el día de mañana tus hijos esten encantados de escuchar.
Y es así, y así lo veo.
Yo tengo lo mejor, lo se desde hace tiempo, pero hoy necesitaba analizarlo un poco más-
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