Supe que no era para mí cuando no caminaba en la noche como lo hacían los gatos pasadas las doce, como cuando soñaba o soñabamos.
Que ya era tarde, que pude combatirle al miedo, pero tuve miedo de volver a hacerme daño, y huí.
Y los pedazos de dolor, el rencor y las ausencias, te las llevaste tu, pero ya no pude hacer nada.
Se rompió, me fui sin decir nada, y no volvió a llover a partir de entonces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario