Nunca cambiaría mi guerra diaria por una paz. Me resulta más reconfortante la trinchera, que la cama. Buscar una mirada esquiva, que un amor recalentado. Mucho mejor intenso que extenso, mucho mejor, a tres centímentros que a diez.
Mejor nosotros, que todo lo anterior. Mejor el miedo sin prisas, que la vista a lo perfecto, roto por correr detrás de lo que no dura más que un te quiero en la segunda cita.
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