Cuando empiezas a olvidar
sintetizas,
abarcas todas esas cosas
que no querías, y fijas el objetivo en las que ahora quieres.
Te detienes.
Piensas.
Y escapas de los términos infinitos
que definían tu felicidad en tiempos mejores.
Autocriticas todos esos fallos que cometiste
y arrancas una nueva perspectiva hacia todo aquello que te espera.
Pero es tremendamente inevitable ahuyentar el pasado del todo.
Y que no te besen la risa los recuerdos.
Y que tu corazón no imagine cuantas veces podrías volver a la cara del pasado confortable.
Es terriblemente complicado olvidar.
Pero si no olvidas tampoco avanzas.
O al menos si no crees estarlo intentando.
Luego están esas noches en las que el olvido gira.
Como tu que llevas meses dando tumbos
y rodeos a lo inevitable.
Y te das cuenta que podrás engañar al mundo,
pero cuando te enfrentas a ti mismo,
las mentiras son tapaderas,
y el miedo es el miedo.
Y tú, sigues siendo tu.
De mí. En otra ocasión hablamos
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