jueves, 7 de febrero de 2013

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Y, la vieja loca, la condenada al fracaso a las casas con gatos, el corazón cerrado y oxidado por el frío, esa que dijo que el "nunca" nunca escondería un "tal vez".
Aquella que cerró las puertas a los abismos, la que pensaba que perder el equilibrio por amor, no formaba parte del equilibrio en la vida.
La que dijo, que no hay mas ciego que el que no quiere ver, y se prometió no mirar más atrás.
También habló del orgullo, como el escudo de los mejores guerreros, y de aquella trinchera de la que no saldría para meterse de nuevo en una guerra.
Prometió paso tras paso, al mirar atrás, que nunca volvería, que tenía las minas localizadas. Se consideró lo suficientemente cobarde como para no volver a dejar en las manos de nadie su alma, por si volvía a romperse.
Y, esa misma. Corazón de hielo, carne de cañón, piel de nostalgia, vuelve hoy. Confiscando las sonrisas. Me he guardado la tuya porque de momento la necesito para seguir descumpliendo promesas.

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