Me niego a ser permeable.
A dejar que mi inspiración se revoque
a nuevas emociones,
a que se abran mis poros y me ericen la
piel
otras huellas que no tengan tu forma.
Es cierto que dejar ir es otra forma de
escribir nuevas páginas,
y es inevitable que el tiempo pase, las
heridas cierren,
y la vida cure.
Pero al llegar al punto de inflexión
en el que mi cuerpo empezó a
pertenecer a tus manos,
dejo de ser yo, sin ti,
para volver a ser nosotros.
¡Que el universo muera,
pero seguirán mis pasos contigo
por muy lejos que te encuentres!
Este el resumen de todas esas historias
que por muchos finales que tengan, nunca acaban.
Como el amor,
que no se va,
pero aprendemos a vivir sin la
manifestación de la boca con la que realmente encajamos.
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