Todo tan calmado y viniste proponiendo guerra,
pero saqué las armas del fondo,
como si no hubiera mañana.
Y qué gran batalla desde entonces,
de esas con varios asaltos,
de las que no te dejan respirar entre golpe y golpe.
Pero esta vez, sin dolor,
como si no hubiera pasado el tiempo,
me acerco lento, y ahí estas.
Con la mirada fiera, y las garras apunto
para arañarme la espalda, o la sonrisa, según la ocasión.
Pero,
el campo de batalla es nuestro, que es lo importante,
y por dentro hay paz, que es esencial -casi siempre-
No hay comentarios:
Publicar un comentario