martes, 16 de abril de 2013

La línea del "no" y el "sí" a veces tan sumamente próximas te hacen dudar entre la calma y la batalla.
Recorres paso a paso cada uno de los recuerdos, y se convierte en un balance existencial los últimos meses recorridos.
Y viene la duda, y los "quizás", y la delgada línea entre el deber y el querer que se aproxima cada centímetro a no saber nada.
Y entonces estallas, se acumulan las sensaciones, y piensas en si sería más sensato salir corriendo que pararte a pensar en lo que realmente te hace feliz
Finalmente optas por dejar la mente en blanco, y aunque no te lleve a nada, es auto-reconfortante pensar que si tirase una moneda al aire, sabría desde el primer segundo lo que querría que saliese.

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